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¿Cuál es el origen de la celebración de la Navidad?

Tres caras para una misma mesa en Navidades. Dependiendo del carácter de la fiesta y tan solo variando la manera de vestir la mesa y sus centros correspondientes, vajillas, vasos y candelarios, se pueden conseguir efectos escenarios de tan distintas y sucesivos celebraciones. Para ello, se utilizan elementos que habitualmente se utiliza pero en este ocasión más exagerado, como son las carnes, pescados, frutas, verduras, ramas de arbustos que contengan bayas rojas, un spray de purpurina, habilidad y la imaginación que cada uno quiere aportar, es la ocasión para sacar las mejores galas.

 

En muchas partes de la Tierra es co­mún ver belenes (nacimientos) durante las Navidades. En ellos a menudo hay figu­ras de tamaño casi natural del niño Jesús en un establo, con María, José, pastores, los reyes magos y algunos animales.
De hecho, ha habido mucha polémica en muchos foros so­bre la cuestión de los belenes o navidades, e incluso se ha debatido su pertinencia en los tribunales de muchos países del mundo si ¿Es la Navidad el cumpleaños de Cristo? No, no es el cumpleaños de Cristo, Cristo no nació el 25 de diciembre, porque, según (Lu­cas 2:6-8) “Mientras estaban allí a ella se le cumplieron los días para dar luz. U dio a luz a su hijo, el primogénito, y lo envolvió con bandas de tela y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en el lugar de alojamiento. También había en aquella misma zona pastores que vivían a campo raso y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños”, cuando nació Jesús, los pastores estaban en los campos de noche cuidando a sus rebaños, lo cual no hubiera sido posible durante las frías noches de diciembre. Además, la Cyclopedia of Biblical, Theological., and Ecclesiastical Literature explica“El día del nacimiento de Cristo no puede deducirse de la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento), ni de ninguna otra fuente. En aquel tiempo todos los cristianos pensaban que la celebra­ción de cualquier cumpleaños (incluso el del Señor) era una costumbre de los paganos. En un esfuerzo para divorciarse de todas las prácticas paganas, los cristianos primitivos evitaron fechar el nacimiento de Jesús”.
Por lo tanto ¿Cuál es el origen, de la celebración de la Navidad?
El libro com­pleto de las fiestas americanas, de Robert J. Myers, contesta: “Antes de la celebración de la Navidad, el 25 de diciembre era en el mundo romano el Natalis Solis Invicti, el cumpleaños del Sol invencible. Esta fiesta, que tenía lugar justo después del solsticio de invierno según el calendario juliano, se celebraba en honor del Dios Sol, Mitra, también estaban influyendo otras fuerzas paga­nas”. Los romanos celebraban las licenciosas fies­tas saturnales durante la última parte de diciembre, y según Myers: “El clero finalmente introdujo el revuelto mundo de las saturnales en la Iglesia misma”.
Cristo siempre defendió la verdad, (Juan 14:6) “Jesús le dijo: yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mi”. Los evangelios nada dicen acerca de la fecha en que nació Jesús, la iglesia no comenzó a festejar su natalicio hasta finales del siglo IV, haciéndolo coincidir con el día en que la gente del pueblo continuaban, igual que sus antepasados, celebrando el resurgir de la naturaleza.
San Agustín, muy acertadamente, supo comprender la combinación que se había producido entre las tradiciones populares y el sentimiento piadoso de los primeros cristianos y recomendó a los creyentes que no celebraban ese día “en consideración al Sol, como hacen los paganos, sino en relación a Dios, encarnado en su Hijo, que fue quien creó el Sol”.
Además de la imprescindible Sagrada familia, los pastores y los Reyes Magos, no hay belén que no incorpore su correspondiente cueva y por supuesto el buey y el asno rodeado al Niño. Sin embargo estos detalles no aparecen en los textos canónicos. El Evangelio de Mateo solo dice que los Magos siguieron a una estrella que se detuve sobre el lugar donde estaba Jesús y que entrados en la casa vieron al Niño con María. El Evangelio de Lucas, en cambio dice que María dio a luz a su hijo primogénito y a continuación lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada. Como vemos, ninguno de los dos habla de una cueva, ni del asno ni del buey. Los restantes evangelistas, Marcos y Juan, ni siquiera hacen referencia al nacimiento e infancia de Jesús y pasan directamente a narrar lo acontecido en su edad adulta.
¿De donde proceden entonces la cueva, el asno y el buey?
Pues de unos textos religiosos que circularon ampliamente entre los primeros cristianos y que luego fueron prohibidos por la iglesia, que consideró que su contenido, repito de elementos mágicos y esotéricos, no se ajustaba a la realidad. Se trata de los evangelios apócrifos, unos textos que se transmitieron al margen de las autoridades eclesiásticas y que en muchos de sus detalles eran tomados al pie de la letra por la gente sencilla. En los denominados Protoevangelio de Santiago y Evangelio del Pseudo Mateo es donde encontramos que José le buscó refugio a María en una cueva y en este último se puntualiza que “tres días después de nacer el Señor, salió María de la gruta y se aposentó en un establo. Allí reclinó al Niño en un pesebre y el buey y el asno le adoraron”.
Es muy probable que los Reyes Magos procedieron de Mesopotamia, Arabia o Persia y que fueron sacerdotes y astrónomos ¿De donde proviene su denominación de Magos? La palabra reyes se antepuso siglos más tarde, durante la época de persecución de las herejías, para matizar su sospechosa relación con las prácticas mágicas. Sus orígenes resultan muy poco claros, ya que solo el Evangelio de Mateo habla de unos magos que fueron a adorar al Niño y que le ofrecieron oro, incienso y mirra, pero no especifica su número. En las catacumbas romanas anteriores al siglo IV aparecían representados dos, cuatro o seis magos y a partir de esa fecha empezó a predominar el número de tres. Los nombres de Malchor, Gaspar y Baltasar se reflejaron por primera vez en un mosaico bizantino que adornaba la iglesia consagrada de San Vitale de Rávena es uno de los templos más importantes del arte bizantino y es la más rica de todas las que erigieron los bizantinos en Rávena- Italia, aproximadamente en el año 520. A lo largo de la historia, los Reyes Magos han sido representados con diferentes edades y color de piel. En el siglo XVI, apareció el primer Rey Mago negro debido al deseo de la Iglesia de convertirlos en representantes de los tres continentes y de los tres hijos de Noé: Melchor simbolizaría a Europa y a la raza de Jafet, Gaspar a Asía y a los semitas y Baltasar a África a los descendientes de Cam.
En cuanto a los dones; San Bernardo aseguró que el oro era para aliviar la pobreza de la Virgen, el incienso para desinfectar el establo y la mirra para curar las enfermedades que pudiera padecer el Niño. En realidad su significado era más universal: el oro suele ser símbolo de la realeza y además un metal que se asocia a las ofrendas hechas a los dioses; el incienso lleva con su humo hasta el cielo las diversas peticiones de los creyentes y la mirra ha sido siempre una carisma resina que se usaba en la fabricación de perfumes en los embalsamamientos. Sólo en España, México, Puerto Rico, Filipinas y alguna que otra nación latinoamericana se celebra la festividad de los Reyes Magos.
 
San Nicolás fue un obispo turco que nació alrededor del año 280 y que adquirió gran fama por su dedicación a los niños, a quien solía regalar las cosas que necesitaban y que sus familias no podían proporcionarles. De ahí a incorporarle a los rituales de la Navidad cristiana no había más que un paso. Al principio, San Nicolás repartía sus regalos el 5 de diciembre por la noche, pero luego se le trasladó al día 25 de diciembre para que se uniera a la celebración del nacimiento de Jesús. Se le representaba con una larga barba blanca, un saco lleno de juguetes y a lomos de un caballo blanco.
En Holanda, como reflejo sin duda de la leyenda negra que hacía de los españoles unos personajes exóticos y sanguinarios, se decía que San Nicolás llegaba en un barco procedente de España y que sólo les dejaba juguetes a los niños que se habían portado bien, mientras que a los malos los metía en un saco y se los llevaba a España. Los colonos holandeses llevaron su culto hasta tierras americanas y allí se transformó en Santa Claus.
En 1809, el escritor Washington Irving describió al antiguo obispo turco como un holandés bonachón que fumaba en pipa y descendía por una chimenea, con lo que le dotó de dos de las características con las que ha llegado hasta nuestros días.
En 1823, Clement Moore publicó en un periódico de Nueva York un cuento donde le añadía el trineo volador tirando por renos y su figura se extendió así por todo Estados Unidos, hasta que cruzó de nuevo el océano y se convirtió en Europa en Papá Noel, una variante del Father Christmas, el pagano Padre de la Navidad, que era un personaje popular en Inglaterra y que había llegado allí a través de unas antiquísimas leyendas vikingas. Pero lo más curioso de la trayectoria de aquel obispo turco, que en vida se llamó Nicolás, es que la imagen que hoy conocemos de él bajo el nombre de Santa Claus fue diseñada por Coca Cola. Como cuenta el periodista Pepe Rodríguez, en su libro “en la Navidad de 1930, la famosa marca de refrescos publicó un anuncio en una revista en el que aparecía una persona disfrazada de Santa Claus en un centro comercial, una escena común esos días en Estados Unidos”. La idea gustó tanto que, en las siguientes campañas, los publicitarios de Coca Cola remodelaron la imagen del santo y mejoraron su vestuario, manteniendo los colores oficiales de marca, el rojo y el blanco.
Los niños daneses y suecos reciben sus juguetes directamente del niño Jesús o bien de una especie de Elfos; que son criaturas de la mitología nórdica y germánica, se trataba de una raza menor de dioses de la fertilidad y representados como hombres jóvenes y mujeres de gran belleza que viven en bosques, cuevas o fuentes, se les consideraba como seres de larga vida o inmortales y con poderes mágicos.
En Italia existe una anciana y vagabunda, “la Beffana” que les deja juguetes a los niños buenos.
Entre las familias rusas cristianas es “el Kolya” una especie de San Nicolás o la vieja “Babushka” quienes dejan los regalos en las repisas de las ventanas o en el quicio de las puertas.
En los grandes bosques de los países del centro de Europa ha predominado durante miles de años el roble: Un árbol sagrado adorado por las tribus indoeuropeas que poblaban entonces el continente. Este árbol estaba asociado al dios del trueno, que era venerado bajo distintas denominaciones: Zeus, Júpiter, Thor…Al roble se le ofrecían infinidad de regalos, con el fin de lograr su protección para los hogares y las cosechas, pero como es una especie de hoja caduca, cuando llegaban los fríos y se quedaba desnudo se colgaban de sus ramas telas de colores y piedras pintadas que desempeñaban la función de amuletos destinados a lograr que el árbol retoñase de nuevo en primavera. De ahí viene la costumbre de colgar bolas y adornos de colores en nuestros modernos árboles de Navidad. El pino y el abeto eran también árboles sagrados relacionados con divinidades orientales como Osiris, Atis o Adonis, símbolo todos ellos de la muerte y la resurrección de la vegetación, ya que se creía que estos dioses también habían muerto y resucitado. La semejanza con el cristianismo era tan evidente que, cuando el culto de estos dioses se instaló en Roma, los primeros cristianos decidieron combinar el carácter sagrado de los robles con el de los pinos y abetos, saliendo vencedores estos últimos, que fueron incorporados a todas las celebraciones navideñas.
Los habitantes de la ciudad de Belén tenían la costumbre de celebrar la Navidad con especial dedicación, ya que fue allí donde tuvo lugar el nacimiento de Cristo. San Francisco de Asís, el protector de los desvalidos y los animales, tuvo ocasión de asistir a una de estas celebraciones en Tierra Santa y a su regreso decidió montar en su ciudad natal una representación viva de la natividad. Corría el año 1223 y este primer belén viviente alcanzó tal popularidad que pronto se extendió la costumbre por toda Italia y luego por diversos países europeos, sustituyendo a los personajes vivos por pequeñas figuras de barro. En el siglo XVIII llegó a España de la mano del Rey Carlos III, que también era rey de Nápoles. No sólo nos trajo el belén este monarca ilustrado; también fue el introductor de la lotería, un juego que entonces era muy practicado por los habitantes de la ciudad italiana.
Las comidas que se celebran durante la Navidad tienen su origen en los banquetes que los romanos llevaban a cabo durante unas fiestas de invierno conocidas como las Saturnales, en las que, además, se intercambiaban regalos para afrontar con alegría y prosperidad la entrada del nuevo año. En la actualidad, cada país tiene sus propias costumbres gastronómicas para estas fechas, pero hay un plato que se repite y que hunde sus raíces en la antigüedad más remota; las aves, ya se trate de capones, pavos, gansos o patos. La razón estribe en los movimientos de las aves migratorias. Cuando éstas regresaban después de su estancia en los países cálidos, se pensaba que traían con ellas la primavera y su consiguiente abundancia. Ponerlas en la mesa simbolizaba, por tanto, el deseo de que la tierra comenzara de nuevo a dar sus frutos. Parecido significado tienen los productos de repostería típicos de Navidad, ya que tanto los polvorones como el turrón, éste es de origen árabe pero en sus orígenes llevaba pan duro rallado, el famoso pudín navideño que se sirve en los países anglosajones a las tortas centroeuropeas están elaborados a base de harina, y el trigo ha sido siempre símbolo de fecundidad y de renacimiento de la vida. El cristianismo le ha otorgado a este cereal idénticas cualidades, hasta el punto de que las mismas hostias que se ofrecen en la misa se elaboran con harina de trigo.
El champán y los cavas, tampoco faltan en las mesas navideñas. Son una versión sofisticada del vino que se consumía tradicionalmente en honor de las divinidades ya se tratara de Baco, de Dionisos o de los dioses menores protectores del hogar. También el vino ha sido, junto con el pan, uno de los elementos claves en la liturgia cristiana más sagrada; la misa.
Sea cuán sea sus orígenes, son días de alegría, felicidad, amor y devoción, en que los cristianos generalmente tienen tiempo libre del trabajo segar y de la escuela para conmemorar cierto acontecimiento. Es una ocasión para fiestas de familia cristiana y manifestar el cariño y el amor fraternal que los une. Además, es una oportunidad, de participar en las ceremonias religiosas cristianas, dedicar y reunir con la comunidad cristiana para dar la Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

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