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El islam está conquistando Europa

La Unión Europea ha conseguido que los países europeos estén juntos en lo económico (últimamente ni siquiera eso), en las leyes que destruyen la familia y en el rechazo conjunto, algunos con más vergüenza que otros, de las raíces cristianas. Mientras los musulmanes están llegando, y en número cada vez mayor y, como se está viendo, cada vez con menos tapujos. De las pateras, aprovechando la nocturnidad, se ha pasado al asalto a plena luz del día y ante la misma policía, de las alambradas que separan el territorio español del marroquí.
Los hombres y mujeres de religión islámica vienen aquí principalmente por un motivo económico. Otra cosa es que las mentes retorcidas aprovechen ese hecho, la huída del caos económico y la dictadura social en muchos casos, para controlarlos en el viejo continente mediante una muy bien organizada y financiada red de imames.
Los musulmanes carecen de afecto hacia los países que los acogen o que, si a algún europeo, por snobismo, le da por hacerse seguidor de Muhammad, eso no tiene ninguna base racional. Lo cierto es que nadie que haya abandonado el Cristianismo ha sido capaz de justificar su decisión con razones intelectuales. Y constata, que solo ciertos sectores izquierdistas, y los Verdes, tienen como una propensión pro-musulmana. No será extraño que, quizás pronto, nuestras elites de la izquierda que nos gobierna, y que no soporta una cruz ni la simple mención del cristianismo, acabe enfundándose la chilaba. Porque el Islam, sin desmerecer la sinceridad de muchos de sus simpatizantes, tiene mucho de política. Y separar el Corán de la autoridad no resulta nada fácil. Hasta los mismos Derechos Humanos encuentran problemas para ser aceptados, aún sólo de boquilla, precisamente por ese hecho, por ejemplo, que no hay que pensar en una secularización de los islámicos europeos. Porque, entre otras cosas, el Islam codifica todo lo cotidiano. Mientras que el cristianismo, supone el bautismo, y cuando se niega permanece la naturaleza humana, no cabe pensar lo mismo de un musulmán. No se nace cristiano, pero sí musulmán. Y aunque no nos guste, tiene más entidad el mundo islámico que ese retorno al paganismo que quiere emprender Europa.
Los musulmanes no se secularizarán que quede claro. Un tema clave de nuestro momento cultural y político, que exige reflexionar más allá de la conveniencia de trabajadores extranjeros o escudándose en un patético pluralismo. Pero para ello habría que pensar en la identidad de Europa, cada vez más irreconocible, porque a los nuestros les ha dado por desfigurarle el rostro.
Según las tendencias y los datos actuales de población, para prever cómo será la población de distintos países Europeos dentro de veinte o treinta años.
El dato fundamental que se utiliza corresponde a las tasas de natalidad de los distintos países. Actualmente, la mayoría de los países europeos tienen tasas de natalidad por debajo del 2,1, que es el mínimo necesario para mantener la población. La media de la Unión Europea es de 1,4, es decir, muy inferior a la tasa mínima. El caso más grave es España, con una tasa de natalidad de 1,1 hijos por mujer. Por lo tanto, la población autóctona no es suficiente para asegurar el relevo generacional y tiende a disminuir. Esta disminución es muy rápida, ya que, en principio, constituye una progresión geométrica (como la de los granos de arroz del famoso cuento).
Como todos sabemos, estos datos se compensan con la emigración. En España, la emigración es variada y abarca a personas de Europa del Este, de Sudamérica y de África. En otros países europeos, sin embargo, por razones históricas, políticas o culturales, la inmigración es predominantemente musulmana, ya sea proveniente del Norte de África, de Turquía, de Oriente Medio o de Pakistán.
Al aporte de población musulmana, se une el hecho de que las tasas de natalidad entre esa población musulmana están muy por encima de la media. Por lo tanto, inevitablemente, mientras el resto de la población disminuye, la población musulmana crece y aumenta su porcentaje del total. En Francia, entre la población musulmana, la tasa de natalidad es de 8,1, más de cuatro veces más alta que la media. En el Reino Unido, el número de musulmanes se ha multiplicado por treinta en los últimos veinte años.
 
En muy pocos años, Europa como la conocemos habrá dejado de existir y el mundo en el que vivimos es totalmente distinto del que conocerán nuestros hijos y nietos. En los Países Bajos, la mitad de los recién nacidos son musulmanes y en unos 15 años, la mitad de la población será musulmana. Lo mismo sucede en Bélgica. En Alemania y Francia debería suceder lo mismo en aproximadamente 30 o 35 años. En algunas zonas, no se trata del futuro, sino del presente. En Marsella, sede de una de las más antiguas diócesis católicas de Europa, hay ya más mezquitas que iglesias. Si actualmente viven en Europa 44 millones de musulmanes, dentro de veinte años esa cifra habrá subido al doble.

Además, no se trata únicamente de cifras, sino de culturas y de influencia en el pensamiento y en la organización social.

Raad Salam Naaman, Desvelando el Islam, editorial Monte Riego (León) 2012

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