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Los contactos de Muhammad con judíos y cristianos (1ª parte)

La vida de las colonias judías y la de los grupos cristianos, relativamente menos frecuentes en este tiempo y en esta zona de Arabia, no está aún bien definida, a pesar de los trabajos realizados sobre este tema por varios orientalistas. Las fuentes musulmanas son de una discreción palpable cuando se trata de los contactos que hubiera Muhammad   podido tener con estas comunidades.
El Corán aborda este tema desde dos ángulos muy distintos. Por una parte, en el plano doctrinal, dice que se encuentra enteramente de acuerdo con las revelaciones anteriores: proclama la verdad de las Escrituras que las contienen y simultáneamente sitúa a Muhammad    en su misma línea. Esta posición se advierte sobre todo en los textos más antiguos, que datan del período mequí y de los comienzos del Islam (612- 622).
Por ejemplo, la frase que se le dirige a Muhammad    en (Sura 35:31) “Lo que de la Escritura te hemos revelado es la verdad, en confirmación de los mensajes anteriores. Sí, Dios está bien informado de Sus siervos, les ve bien”.
Y este acuerdo llega hasta el punto de que, en una ocasión, el Corán aconseja Muhammad, cuando experimente alguna duda, que vaya a consultar a aquellos a quienes los libros ha sido revelados con anterioridad (Sura 10:94) “Si tienes alguna duda acerca de lo que te hemos revelado, pregunta a quienes, antes de ti, ya leían la Escritura. Te ha venido, de tu Señor, la Verdad. No seas, pues, de los que dudan”.
Este versículo, que los cristianos de oriente destacan en sus discusiones con los musulmanes, ha sido prácticamente rechazado desde hace mucho tiempo “Si tienes duda”. Afirman los comentadores musulmanes que Muhammad    no podía dudar. Se trataría de un versículo puramente platónico. En realidad, debía tratarse de que “fuera a consultar”, si no a Waraqa bin Naufal bin Asad bin ‘Abdul’Uza bin Qoṣay, las fuentes dicen que, es el Primo segundo de `Abdul- Muţalib, el abuelo de Muhammad, del clan de Asad. Waraqa tenía una hermana llamada Qutayla, con la que guardaba una relación muy íntima. Qutayla tuvo una hija Jadiŷa bint Juwailid bin Asad bin ‘Abdul’Uza bin Qoṣay, la futura esposa de Muhammad bin Abdullah bin `Abdul- Muţalib bin Ңišam bin Abd Monaf bin Qoṣay. Waraqa era un sacerdote de una secta cristiana Nestoriano, que enseñaban que Jesús era solo un Profeta, no creían en la divinidad de Jesucristo ni en la muerte de Jesús en la Cruz, ni en su resurrección después de tres días. Waraqa bin Naufal, era conocido como el sacerdote de la Meca. Waraqa tenía la costumbre a retirarse en una cueva se llamaba Ңara’, como lo hacia Muhammad, en busca de la soledad y para sus oraciones, a unas montañas que dominan la Meca. Waraqa tuvo mucho que ver en el casamiento de Muhammad    con Jadiŷa. Waraqa fue él mismo el testigo principal de la boda, él quien dirigió y celebró la ceremonia y los rituales de la boda y quien bendijo el matrimonio. Waraqa vivió y murió cristiano a la edad de cien años. Waraqa intentó de traducir la Biblia del hebreo al árabe, porque sabía hebreo y estaba versado en el conocimiento de las Escrituras. Waraqa dirigió la vida espiritual de Muhammad, le enseñó las escrituras antiguas; la Biblia (Antiguo y Nuevo testamento) y las historias de los profetas anteriores. Waraqa fue el maestro y el pedagogo espiritual de Muhammad, cabe ver en él al consultor de la primera comunidad musulmana.
Por otra parte, todavía en el periodo mequí, tras recordar los grandes nombres del Antiguo y del Nuevo Testamento, el Corán concluye con una orden dirigida a Muhammad; (Sura 6:90) “A éstos ha dirigido Dios. Sigue, pues, su dirección. Di: No os pido salario a cambio. No es más que una Amonestación dirigida a todo el mundo”.
Pero el Corán se preocupa de afirmar que Muhammad no le debe nada a ningún mortal y todo se le ha enseñado milagrosamente. Esta posición, muy clara desde el principio, se fue reforzando más aún con el correr de los años. Sin dejar nunca de apelar a un judaísmo o a un cristianismo ideal, que el islamismo vendría a reproducir en toda su pureza, fue preciso admitir que el judaísmo y el cristianismo reales eran muy diferentes de cómo los presentaba el Corán.
De ahí a afirmar que sólo el Corán era el criterio de toda verdad, que contenía toda la doctrina de las religiones anteriores, que habían sido desfiguradas, no había más que un paso. Ese paso no se tardaría en dar. No se hablaría más de ir a consultar a los que leen los libros anteriores.
Además, el texto recuerda que Muhammad no había hecho ningún estudio especial: (Sura 42:52) “Así es como te hemos inspirado un Espíritu que procede de Nuestra orden. Tú no sabías lo que eran la Escritura y la fe, pero hemos hecho de él luz con la que guiamos a quienes queremos de Nuestros siervos. Ciertamente, tú guías a los hombres a una vía recta”. (Sura 29:48) “Tú no leías, antes de recibirla, ninguna Escritura, ni copiabas ninguna con tu diestra. Los falsarios, si no, hubiesen sospechado”.
Así, pues, el Corán afirma que Muhammad creció sin conocer los textos sagrados anteriores y sin escribir nada de su propia mano. No recibió ninguna educación particular en el terreno de las Escrituras. Los dos textos precedentes datan del período mequí (antes del 622) y las indicaciones sobre las religiones anteriores que contiene el Corán son aún muy sumarias por esta época. No aparecen aún ni la palabra evangelio (Inŷil) ni la palabra Torá. Se trata siempre de la Escritura que ha sido revelada a Moisés y luego a Jesús. Habrá que esperar a las Suras medinenses para tener un vocabulario más concreto.
Toda la tradición musulmana ha afirmado con insistencia que Muhammad no tuvo ningún conocimiento directo de las Escrituras anteriores y que, por tanto, todo le vino por revelación. Además Muhammad no podía leer ni escribir sino que, simplemente, recitó lo que le era revelado para que sus compañeros lo escribieran y memorizaran. Algunos exégetas creen que esta tradición de que Muhammad no podía leer ni escribir está en contradicción con el texto coránico mismo por doble partida: primero el Corán anuncia en (Sura 29:48) “Tú no leías, antes de recibirla, ninguna Escritura, ni copiabas ninguna con tu diestra. Los falsarios, si no, hubiesen sospechado”, que Muhammad    “no solía leer ni escribir” es decir no era dado a la lectura o la escritura, esto, según ellos, no quiere decir que no supiera hacerlo, pero existe otra aleya susceptible de ser interpretada como indicio de que sabía leer, (Sura 62:2) “Fue Él (Alá) quien levantó de entre los iletrados un Apóstol de entre ellos mismos, recitando Sus Señales, purificándoles y enseñándoles el Libro y la sabiduría. Antes estaban, evidentemente, extraviados”. Los simpatizantes del Islam tienen por verdad que la redacción del texto coránico existente hoy corresponde puntualmente a lo que fue revelado a Muhammad, es decir, las palabras textuales de Dios entregadas a Muhammad por medio del arcángel Gabriel. CONTINÚA…
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Raad Salam Naaman, Desvelando el Islam, Editorial Monte Riego (León) 2012

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