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Muhammad en la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento)

Me escribió Muhammad, el amigo musulmán Saudí, quien quería predicarme y convencerme a convertir al Islam, todo enfadado por hacer publico nuestra conversación, pero no desmentía nada de lo que publique.

Muhammad me preguntaba mi opinión por el libro que me dejó y si me ha persuadido.

Mi contestación a Muhammad fue lo siguiente: de nuevo pido perdón por el dolor que te pudo causar a publicar nuestra conversación, mi atención era y es mostrar la verdad. He leído con mucha atención el libro que me ha dejado, con su permiso y de la misma manera, le voy a desarrollar y rebatir en mi Blog. Si tiene cuál que objeción o réplica, le invitó con mucho gusto a desahogar o comentarlo en el mismo Blog. Quien tiene oídos que escuche, quien tiene ojos que vea y quien tiene celebro que piensa y analiza.

En primer lugar, el libro se llama “Una breve guía ilustrada para entender el Islam”, es un libro muy pequeño, casi un folleto, se distribuye gratuitamente en la mezquita de M.30. Según los autores del libro anteriormente mencionado y son muchos (12 especialistas), hay Profecías Bíblicas tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento, sobre el advenimiento de Muhammad el Profeta del Islam. Las profecías bíblicas sobre la venida de Muhammad son evidencia de la verdad del Islam para las personas que creen en la misma. La verdad no se que decir, de los interpretes musulmanes, aprovechen de cual que indicio, para imponer sus verdades, sin ninguna pase o fundamento, no investigan ni informan bien. Para entender o explicar las profecías de la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) hay que consultar libros especialistas en la materia

Siguiendo las explicaciones del libro “Una breve guía ilustrada para entender el Islam”, en el Corán (Sura 46:10) “Di: ¿Qué os parece? Si procede de Alá y vosotros no creéis en él, mientras que un testigo de entre los Hijos de Israel atestigua su conformidad y cree, en tanto que vosotros sois altivos… Alá no dirige a la gente impía”, se hace una confirmación verdadera de las escrituras previas descaradamente; siendo Muhammad un cumplimiento de la revelación de Moisés mismo, según (Deuteronomio 18:1519) “Un profeta como yo te levantará tu Dios, de en medio de Ti, de tus hermanos; a Él oiréis. Conforme a todo lo que pediste a tú Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, al decir: no vuelva yo a oír la voz de mi Dios, ni vea yo más este gran fuego para que no muera, y Dios me dijo: Bien está eso que han dicho. Un profeta como tú les levantaré en medio de sus hermanos; pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que Yo le mande. Pero a cualquiera que no oiga las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuenta”. Analizamos estos versos, y vemos que el Profeta esperado debe de ser entre los hermanos de Moisés, es decir israelita, posee similitud a Moisés, y tiene el Poder y la Palabra de Dios.

Primero, no se puede discutir que Muhammad, fue descendiente de Ismael (Ismael fue el hermanastro de Isaac, hijo de Abraham), que no tiene nada que ver con Moisés y su pueblo, el pueblo judío de Israel. Siglos antes de que naciera Muhammad, el apóstol Pedro aplicó a Jesucristo ante una muchedumbre de judíos que se encontraba en el templo. Eso tuvo lugar poco después del Pentecostés del año 33, cuando Pedro y Juan curaron a un mendigo que era inválido de nacimiento. Al verlo caminar, la gente se quedó maravillada, casi fuera de sí, y corrió hacía los apóstoles para averiguar cómo había sucedido aquello. Entonces, Pedro les explicó que este milagro se debía al espíritu Santo que Jesucristo le había otorgado. Y a continuación citó una profecía de las Escrituras Hebreas y la aplicó a Jesucristo. Estas fueron sus palabras (Hechos 3:19-25) “Arrepiéntanse, por lo tanto, y vuélvanse para que sean borrados sus pecados, para que vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de Dios y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes, Jesús, a quien el cielo, en verdad, tiene que retener dentro de sí hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo. De hecho, Moisés dijo: Dios les levantará a ustedes de entre sus hermanos un profeta semejante a mí. Tienen que escucharle conforme a todas las cosas que él les hable. En verdad, cualquier alma que no escuche a ese Profeta será completamente destruida de entre el pueblo. Y todos los profetas, de hecho, desde Samuel en adelante y los que siguieron en sucesión, cuantos han hablado, también han declarado estos días patentemente. Ustedes son los hijos de los profetas y del pacto que Dios pactó con sus antepasados, al decir a Abrahán: ‘Y en tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra’. A ustedes primero Dios, después de haber levantado a su Siervo, lo ha enviado para que los bendijera, apartando, a cada uno, de sus hechos inicuos”.

Esta profecía debió de sonarles bastante familiar a quienes estaban escuchando a Pedro. Como judíos que eran tenían en alta estima a Moisés y esperaban con anhelo la llegada del profeta predicho, que sería mayor que Moisés (Deuteronomio 34:10) “Pero nunca desde entonces se ha levantado en Israel un profeta como Moisés, a quien Jehová conoció cara a cara”. En cierto sentido podía decirse que Moisés era un Mesías, pues había sido ungido o escogido por Dios. Sin embargo, el futuro profeta no sería simplemente un mesías sería el Mesías, el cristo de Dios, el Escogido de Dios, como dijo (Lucas 23:35) “Y el pueblo estaba de pie mirando. Mas los gobernantes hacían gestos de desprecio, y decían: “A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Cristo de Dios, el Escogido”, y el Apóstol Pablo en su carta a los (Hebreos 11:26) “porque estimaba el vituperio del Cristo como riqueza más grande que los tesoros de Egipto; porque miraba atentamente hacia el pago del galardón”.

La vida de Jesús se aparece en varios aspectos a la de Moisés. Por ejemplo cuando eran bebés tanto el uno como el otro estuvieron a punto de morir a manos de un cruel Rey (Éxodo 1:22) “Por fin Faraón dio orden a todo su pueblo, diciendo: Todo hijo recién nacido lo han de arrojar al río Nilo, pero a toda hija la han de conservar viva”, (Mateo 2:10) “Entonces Herodes mandó llamar secretamente a los astrólogos y averiguó cuidadosamente de ellos el tiempo en que la estrella había aparecido; y, al enviarlos a Belén, dijo: “Vayan y hagan una búsqueda cuidadosa del niñito, y cuando lo hayan hallado vuelvan e infórmenme, para que yo también vaya y le rinda homenaje”. Habiendo oído al rey, ellos siguieron su camino; y, ¡mire!, la estrella que habían visto (cuando estaba) en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima de donde estaba el niñito. Al ver la estrella, verdaderamente se regocijaron mucho. Y cuando entraron en la casa vieron al niñito con María su madre, y, cayendo, le rindieron homenaje. También abrieron sus tesoros y le presentaron regalos: oro, olíbano y mirra. Sin embargo, porque en un sueño se les dio advertencia divina de que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino. Después que se hubieron retirado, ¡mire!, el ángel de Jehová se apareció en un sueño a José, y dijo: “Levántate, toma al niñito y a su madre, y huye a Egipto, y quédate allá hasta que yo te diga; porque Herodes está para buscar al niñito para destruirlo”. De modo que él se levantó y tomó consigo al niñito y a su madre, de noche, y se retiró a Egipto, y se quedó allá hasta el fallecimiento de Herodes, para que se cumpliera lo que Jehová había hablado por su profeta, que dijo: “De Egipto llamé a mi hijo”.

Tanto Moisés como Jesús realizaron milagros, demostrando así que contaban con el apoyo de Dios. Según las Escrituras, Moisés con el poder de Dios logró que las aguas del Nilo y de sus estanques se convirtieran en sangre, que el mar Rojo se dividiera en dos y que saliera agua de una roca en el desierto. (Éxodo 7:19-21) “Más tarde Jehová dijo a Moisés: “Di a Aarón: Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales del Nilo y sobre sus estanques llenos de cañas y sobre todas sus aguas represadas, para que se conviertan en sangre. Y ciertamente habrá sangre en toda la tierra de Egipto y en las vasijas de madera y en las vasijas de piedra”. Al instante hicieron esto Moisés y Aarón, tal como había mandado Jehová, y él alzó la vara y golpeó el agua que estaba en el río Nilo a los ojos de Faraón y de sus siervos, y toda el agua que estaba en el río Nilo fue convertida en sangre. Y los peces que estaban en el río Nilo murieron, y el río Nilo empezó a heder; y los egipcios no podían beber agua del río Nilo; y la sangre vino a estar por toda la tierra de Egipto”. (Éxodo 14:21) “Moisés ahora extendió su mano sobre el mar; y Jehová empezó a hacer que el mar se retirara por un fuerte viento del este durante toda la noche, y que la cuenca del mar se convirtiera en suelo seco, y se iba efectuando una partición de las aguas”. (Éxodo 17:5-7) “Entonces Jehová dijo a Moisés: “Pasa enfrente del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel, y tu vara con que golpeaste el río Nilo. Tómala en tu mano y tienes que seguir andando. ¡Mira! Yo estoy de pie delante de ti allí sobre la roca en Horeb. Y tienes que golpear en la roca, y de ella tiene que salir agua, y el pueblo tiene que beberla”. Posteriormente, Moisés lo hizo así a los ojos de los ancianos de Israel. De modo que llamó el lugar por nombre Masah y Meribá, a causa del reñir de los hijos de Israel y a causa de que pusieron a prueba a Jehová, diciendo: “¿Está Jehová en medio de nosotros, o no?”.

Jesús también efectuó muchos milagros, su primer milagro consistió en convertir agua en vino durante una boda, Además calmó el agitado mar de Galilea e incluso caminó sobre el agua. (Juan 2:111) “Ahora bien, al tercer día se efectuó un banquete de bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. Jesús y sus discípulos también fueron invitados al banquete de bodas. Cuando faltó el vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Pero Jesús le dijo: “¿Qué tengo que ver contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los que ministraban: “Todo cuanto les diga, háganlo”. Sucedió que había puestas allí seis tinajas de piedra para agua según lo exigido por los reglamentos de purificación de los judíos, cada una de las cuales podía contener dos o tres medidas de líquido. Jesús les dijo: “Llenen de agua las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta el borde. Y les dijo: “Saquen un poco ahora y llévenlo al director del banquete”. De modo que ellos lo llevaron. Pues bien, cuando el director del banquete probó el agua que había sido convertida en vino, pero no sabía de dónde venía, aunque lo sabían los que ministraban que habían sacado el agua, el director del banquete llamó al novio y le dijo: “Todo otro hombre pone primero el vino excelente, y cuando la gente está embriagada, el inferior. Tú has reservado el vino excelente hasta ahora”. Jesús ejecutó esto en Caná de Galilea como principio de sus señales, y puso de manifiesto su gloria; y sus discípulos pusieron su fe en él”. (Mateo 8:23-27) “Y cuando hubo subido en una barca, le siguieron sus discípulos. Ahora bien, ¡mire!, se levantó una gran agitación en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; él, sin embargo, dormía. Y ellos vinieron y lo despertaron, diciendo: “¡Señor, sálvanos, estamos a punto de perecer!”. Pero él les dijo: “¿Por qué se acobardan, hombres de poca fe?”. Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y el mar, y sobrevino una gran calma. Por consiguiente, los hombres se asombraron, y dijeron: “¿Qué clase de persona es esta, que hasta los vientos y el mar le obedecen?”. (Mateo 14:23-25) “Por fin, habiendo despedido a las muchedumbres, subió solo a la montaña a orar. Aunque se hizo tarde, estaba allí solo. Para este tiempo la barca estaba a muchos centenares de metros de la tierra, y las olas la tenían en aprieto, pues tenían el viento en su contra. Pero en el período de la cuarta vigilia de la noche él vino a ellos, andando sobre el mar”.

Tanto Moisés como Jesús fueron usados para introducir nuevos sistemas de cosas y cada uno se estableció como profeta de Dios por la ejecución de muchas señales.

Pero ¿Dónde estuvieron las señales estableciendo a Muhammad como profeta de Dios y probando que Dios había introducido un nuevo sistema de cosas en Arabia a principios del siglo siete? ¿Pudo Muhammad decir, como dijo Jesús: Si no creen en mi mensaje, creen en mis obras, señales, milagros? No, no pudo, porque no tuvo ninguno para establecer la autenticidad de su mensaje. Repetidamente se admite este hecho a medida que los oyentes de Muhammad le acusaban de calumnia y falsificación (Sura 2:118) “Los que no saben dicen: ¿Por qué Alá no nos habla o nos viene un signo? Lo mismo decían sus antecesores. Sus corazones son iguales. En verdad, hemos aclarado los signos a gente que está convencida”. (Sura 10:38) “O dicen: Él lo ha inventado. Di: Si es verdad lo que decís, ¡traed una sura semejante y llamad a quien podáis, en lugar de llamar a Alá!”. (Sura 11:13) “O dicen: Él lo ha inventado. Di: Si es verdad lo que decís, ¡traed diez suras como él, inventadas, y llamad a quien podáis, en lugar de llamar a Alá!”. En vista de las muchas señales que los profetas anteriores habían ejecutado; ¡no tenían sus oyentes derechos de preguntar! ¿Por qué no se le envía una señal de parte de su Señor? (Sura 6:37) “Dicen: ¿Por qué no se le ha revelado un signo que procede de su Señor? Di: Alá es capaz de revelar un signo. Pero la mayoría no saben”. Pero Muhammad se les contestó en (Sura 6:109) “Han jurado solemnemente por Alá que si les viene un signo creerán, ciertamente, en él. Di: Sólo Alá dispone de los signos. Y ¿qué es lo que os hace prever que, si ocurre, vayan a creer?”.

Repetidamente Muhammad se dijo a sus oyentes que él solo era un amonestador; pero con eso solo se admite el punto que se discutía; ellos querían prueba de que Muhammad era verdaderamente el amonestador de Dios por la ejecución de señales. Cierto, algunos en tiempos antiguos no creyeron a pesar de las señales, pero eso no impidió que Dios enviará señales para sus profetas. En contraste notable con los profetas antiguos que así vinieron a su pueblo con pruebas claras de su misión. El único signo a la que señala el Corán, es del mérito literario del mensaje de Muhammad, es decir el Corán mismo (Sura 2:23-24) “Si dudáis de lo que hemos revelado a Nuestro siervo, traed una sura semejante y, si es verdad lo que decís, llamad a vuestros testigos en lugar de llamar a Alá. Pero, si no lo hacéis -y nunca podréis hacerlo-, guardaos del fuego cuyo combustible lo constituyen hombres y piedras, y que ha sido preparado para los infieles”.

De ello, vamos a hablar más adelante e averiguar si es verdad.

Continúa…

Más información:
Raad Salam Naaman, Desvelando el Islam, Monte Riego (León) 2012

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